Guía Península de Nicoya Peninsula Costa Rica Travel Guide

In the 1952 something very interesting happened on the island of Koshima. It is said that a group of Japanese scientists went every day to an area on the beach where they left food for one of the colonies of Monkeys. The reason why they did this was to attract the monkeys to an area so they could be observed more closely. One of Monkeys of the area was a female that was 18 months of age which they baptized by the name of Imo. The scientists realized that this young Monkey did not like sand from the beach in its food. From that a day on, the Monkey began to take the sweet potatoes that they brought to him to a near river to wash them. In a couple of days Imos mother began to do the same, after which some of her companions began this new habit of cleaning the sand from the food in the gorge. Little by little other Monkeys began to do the same. This behavior carried on for almost 6 years until an unexpected thing took place.

One day in autumn of 1958 An unexpected thing took place. The scientist didn’t know whether it was Monkey number 80, 90 or 150, the exact number is not known, but the investigators decided to call it monkey number 100. That hypothetical hundredth monkey finally one day learned to wash the sweet potatoes, and suddenly overnight the rest of the colony began to wash its food in the water. But that’s not all; a couple of days later, other scientists began to report that other colonies of Monkeys on different islands also began to wash their potatoes before eating them. In the beach areas of Cobano we have a problem with the dirt roads which produce a lot of dust driven by car traffic during our summer months, including splashes from puddles during our rainy season.

 

As result we have in addition to potential accidents being caused, there are health problems being caused by all of this dust in the air. In search of a solution to this problem, our communities are beginning to address this problem by educating the ones that drive at high speeds through the placement of signs on the public roads asking them in good conscience to slow down to 25 Km/PH. Taking this one step further, we are asking each participant to register his or her name while committing to observe this lower speed limit. To each participant a consecutive number will be given until we reach the number 100 at which time we will call a meeting to evaluate the results of this campaign. At this point we will discuss our options for future planning. We will make signs for publicity along public.

 

Thoroughfares along with stickers and t-shirts stop all of this dusting forever.Would you like to register in this campaign? Send an email to info@peninsuladenicoya.com with your name or the name of your company or institution.

English
Español
Compromiso 25 Km. ph / Commitment to the 25 Km. ph speed limits!

 

En 1952 algo interesantísimo sucedió en la isla de Koshima. En aquel entonces un grupo de científicos japoneses iban todos los días a un área de la playa en donde dejaban comida para una de las colonias de macacos. La razón por la cual hacían esto era para atraer a los monos al descubierto y así poder observarlos más de cerca. Uno de los macacos era una hembra de 18 meses de edad a la cual bautizaron con el nombre de Imo. Los científicos se dieron cuenta que a esta monita no le gustaba el sabor de la arena de la playa en su comida, y que un día comenzó a llevar las batatas que ellos le traían a una quebradita cercana para lavarlas. En un par de días su madre comenzó a hacer lo mismo, luego de que ella le enseñara ese truco de lavar las batatas, y más tarde, el resto de los compañeros de juego de la monita se unieron al nuevo hábito de limpiar la arena de la comida en la quebrada. Eventualmente los compañeros de juego de Imo también le enseñaron a sus madres este nuevo hábito, así que todos los macacos cercanos a Imo, de una manera u otra comenzaron a disfrutar del sabor de las batatas sin la arena. Este comportamiento se limitó por unos años a las amistades de Imo y a sus madres, aunque poco a poco lo fueron aprendiendo otros miembros de la colonia. Entonces, un día en el otoño del 1958 lo inesperado tomó lugar. No se sabe si fue el mono número ochenta, o el número noventa, o si fue el mono número ciento cincuenta – el número exacto no se sabe-, pero los investigadores decidieron llamarlo el mono número cien. Ese hipotético centésimo mono por fin un día aprendió el comportamiento de lavar las batatas en agua, y de repente, de la noche a la mañana, el resto de la colonia comenzó a lavar su comida en el agua. Pero no sólo eso: en par de días otros científicos comenzaron a reportar el mismo comportamiento en otras colonias de macacos en otras islas, en sitios en donde el comportamiento de lavar la comida en agua era totalmente desconocido.

 

En las playas del área de Cobano tenemos un problema con las calles de tierra cuyo transito vehicular en verano provoca polvo y en la época de lluvias salpicaduras de barro. Como resultado tenemos además de los accidentes de transito que se pueden provocar, problemas de salud y una sensación de enemistad con quienes manejan a altas velocidades. Como la ley de transito no prohíbe manejar a velocidades inferiores y el ritmo de vida es tan acelerado en estos tiempos, manejar a alta velocidad es entendido como algunos como un derecho adquirido y es por ellos mal visto cuando se les pide que bajen la velocidad. Por el contrario se logra un efecto inverso cuando se les dice algo, ya sea por capricho o por el stress que significa discutir con alguien.

En búsqueda de una solución a este problema y como experimento para ver si con este método podemos enfrentar otras dificultades de nuestra comunidad trabajando en forma conjunta y utilizando como medio la conciencia en lugar del poder, hemos lanzado esta campaña llamada COMPROMISO 25 KM/PH donde cada participante puede inscribirse y comprometerse a manejar  a un máximo de 25 kilómetros por hora en las calles de las áreas pobladas o en los caminos entre pueblos donde haya presencia de otras personas ya sea a pie o en otros medios de transporte que puedan ser afectados por el polvo o el barro.

A cada participante se la dará un número consecutivo del uno al cien y cuando lleguemos al centenar haremos una reunión para evaluar los resultados de la campaña  y planear acciones para el futuro.

Haremos rótulos para publicidad en vía pública y stickers y camisetas para identificar a los que aceptan el compromiso.

 

¿Como inscribirse en esta campaña?

 

Enviando un email a info@peninsuladenicoya.com con su nombre o el nombre de su empresa o institución. También puede enviar algún mensaje para ser publicado en esta página web o en la Guía Península de Nicoya.